Durante cinco días, la familia de Miguel Ángel Ramírez García, de 23 años, vivió con la esperanza de encontrarlo con vida tras su desaparición. El joven, exintegrante de la Secretaría de Marina y aspirante a la Guardia Nacional, fue finalmente localizado sin vida en la morgue de Puebla, Puebla, México.

Las investigaciones señalan que fue atacado mientras dormía: fue atado de pies y manos y posteriormente agredido con un arma blanca. Su cuerpo fue abandonado en el Camino al Batán. En el ataque también habrían participado más personas.

Por el caso, su expareja Raamil N., de 25 años y excompañera policía del joven, fue detenida y vinculada a proceso como principal sospechosa. Sin embargo, autoridades señalan que habría un cómplice que continúa prófugo, por lo que la familia exige que también sea capturado.

Los padres del joven reconocieron como evidencia algunas cobijas con las que fue envuelto el cuerpo, las cuales presuntamente pertenecían a la detenida. Posteriormente, un cateo en el domicilio donde vivían permitió encontrar indicios que fortalecieron la investigación.

Miguel Ángel había trabajado como guardia de seguridad, policía estatal y municipal, además de mecánico de motocicletas. Su familia lo recuerda como un joven trabajador y noble que buscaba construir un futuro en el ámbito de la seguridad.

Hoy, entre dolor y recuerdos, sus padres piden que el caso no quede impune. “Mi hijo tenía muchos sueños”, expresó su madre, quien exige que se aplique todo el peso de la ley contra los responsables.

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